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Salem: Salsa de tomate, Mozzarella, Panceta, Cheddar, Aceitunas Negras. De Pizza not diet, El Palomar) |
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https://www.instagram.com/pizzanotdiet
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Salem: Salsa de tomate, Mozzarella, Panceta, Cheddar, Aceitunas Negras. De Pizza not diet, El Palomar) |
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Harina de TRIGO tierno tipo "00", harina de TRIGO tierno tipo "0", masa madre seca (harina de TRIGO, harina de TRIGO malteada, iniciador microbiano), colorante: carbón vegetal E153 (1,2%), azúcar moreno, enzimas.
Carbohidratos: 67,6g (de los cuales azúcares 1,8g)Proteína: 13,7gFibra: 2,1gSal: 0,01gLípidos: 1,1g (de las cuales saturadas 0,3g)Kcal: 340Kj: 1442
Una porción de pizza de Yusepín acodado en la barra es algo que no tiene parangón. Se trata de una tradición que el 3 de agosto de 2018 cumplió 85 años de historia. Y se mantiene viva por los clientes que la siguen eligiendo con el correr de los años.
Al frente del local ubicado sobre Hipólito Yrigoyen 2341 está Hugo “Pachi” Savino, miembro de la familia que en el año ‘80 tomó la posta de don Horacio Zavaleta, fundador de la pizzería y del hotel vecino que lleva su apellido, cuando el paisaje urbano frente a la plaza España era distinto y la calle se llamaba Humberto Primo.
Entrar hoy a la Yusepín es respirar una atmósfera distinta, contra el paso del tiempo. Fotos, recuerdos, y el inconfundible aroma del horno a leña, mezcla de harinas y tomates que salen a través de la pala del cocinero de esa “gran boca”, para viajar hacia las otras bocas, las de los parroquianos, y transformarse en un elixir.
Además del horno a leña, otro detalle distintivo de la Yusepín es la tradición de cocinar sólo pizzas y fugazzas. Es más, ante la demanda de la clientela han agregado en la carta las variedades de esta época, pero su fuerte sigue siendo la pizza de tomates de inigualable sabor y las fugazzas de queso y de carne. “Don Zavaleta no vendía ni con jamón, porque decía que eran tartas (risas), pero nos tuvimos que aggiornar un poco y empezamos a elaborar la pizza a la napolitana, de rúcula y la de palmitos”, cuenta Pachi.El secreto
Esa es una de las claves que llevaron alguna vez a los legisladores provinciales a otorgarles un reconocimiento. Es que “con 85 años de vida, junto a El Litoral que cumplió 100, somos unos de los negocios tradicionales de Santa Fe”, reflexiona Pachi. Y además, está ubicado en un espacio histórico de la ciudad, frente a la Plaza España, punto de referencia principal del barrio homónimo que se fue constituyendo al mismo tiempo que empezó a extenderse la ciudad, y fue escenario de hechos tan disímiles como ser sede de la Primera Feria Rural Provincial en 1887 y de la revuelta radical de 1893.
“Siempre mantuvimos la misma línea y la calidad —asegura el pizzero santafesino—, atendemos sin mesas ni sillas, al mostrador, de parado y con el vaso de vino moscato en la mano”. Y el secreto de esa calidad es la materia prima, la mano de los buenos maestros pizzeros que continuaron de generación en generación entre padres e hijos y el perfume que impregna la leña en el horno.Durante la amena charla, Pachi cuenta algunos detalles del secreto de la tan anhelada pizza de tomates. “Nadie puede creer que le pongamos sólo tomates, sin cebollas ni ajo”, dice. “Lo fundamental es el horno a leña, que es un poco caro pero es lo que le da el toque inigualable”. Y sobre la masa, “la clave es darle su tiempo en cada etapa del proceso de elaboración: en la amasadora, sobre la mesa para que leude y en el horno a leña”.
A leña
La Yusepín es la única pizzería que mantiene esa tradición de cocinar en el horno a leña. Y ese horno es el mismo que se encendió por primera vez aquel 3 de agosto de 1933, al igual que los mostradores de mármol y el resto del mobiliario.Todos los días, a las 6 de la mañana llegan los maestros pizzeros para comenzar a elaborar las pizzas y fugazzas. Cerca de las 10 atienden a los proveedores y a las 11 se abre el mostrador para el disfrute de los comensales. La rutina matutina termina cerca de las 14 y se retoma a las 19, para atender a quienes llegan a cenar, hasta aproximadamente las 23.
Gran demanda
Si bien los meses de mayor demanda son los que la gente cuenta con el aguinaldo y se da “un gustito”, muchos turistas se acercan durante el verano a degustar de una porción de pizza de la Yusepín. “Incluso hay gente que nos pide la masa cocida para llevársela a su casa en otro lugar del país y compartirla”.Ya son cerca de las 11 de la mañana y empiezan a salir las primeras pizzas del horno a leña. Pronto aparecerán en la puerta los primeros clientes. Y los pizzeros ya están listos para recibirlos. Sobre el final, Pachi destaca que él cree que la Yusepín es la pizzería más antigua del país. “Hay una pizzería en Buenos Aires que abrió en 1934, pero nosotros somos de 1933”, se enorgullece. Sea esto cierto o no, lo seguro es que la de tomate al horno a leña es algo que no se puede dejar de disfrutar.
Hay un hilo fino y fuerte, casi invisible, que entrelaza a jugadores de fútbol, escritores, músicos, youtubers, tiktokers y muchos más: el afán por ser popular. Pero, ¿qué es ser popular? La Real Academia Española (RAE) entre sus acepciones, lo define como lo “perteneciente o relativo al pueblo” o “que es estimado o, al menos, conocido por el público en general”.
La pizza de cancha en Rosario nació con un guiño del destino, una estrella propia, un nombre que guiaría su camino: La Popular.
A la Real Academia Española le faltó en su descripción agregar que ser popular no tiene precio, no se compra. Se es o no se es popular. Esa es la cuestión.
Y la pizza La Popular lo es, haciendo honor a su nombre.
Harina, agua, una pizca de sal, tomate, un poco de verdeo y mucho aceite. Ah, y servilletas de papel. Servilletas de bar antiguo, como de papel glasé, que nunca alcanzaban para limpiarse del todo las manos llenas de aceite, pero sí para envolver una porción y mil recuerdos. Y sin queso, para sostener la tradición (y porque sería impracticable, según sus hacedores).Ese acto de comer una porción de La Popular, era mucho más que saciar el hambre, era abrirse camino hacia un mundo nuevo.
Las imágenes -incorruptibles a pesar del tiempo- del carrito naranja, del pizzero cortando la plancha en dobles rectángulos, de los hinchas más jóvenes que bajaban corriendo los escalones para llegar primeros a comprar.
Imágenes que están abrazadas a la ilusión de una victoria en la antesala de un partido, a la esperanza de dar vuelta un resultado en el entretiempo, a la salida de la tribuna para festejar un triunfo en familia o con amigos.
Quizás con un abuelo ofreciendo el manjar rosarino a su nieto o su nieta.
Quizás un padre o una madre, iniciando a sus nenes en los ritos paganos del fútbol.
Quizás con esos amigos de cancha que son amigos porque uno los ve siempre, aunque no sepa sus nombres.
Y si tocaba una derrota, ese “no importa, vas a ver que el próximo ganamos”. Y una pizza popular como consuelo para que vuelva la alegría.
La pandemia dejó su rastro en la historia. Encuentros por meet, home office, falta de capacidad respiratoria en aquellos que tuvieron Covid y el uso de barbijos y alcohol en manos, entre otras.
Entre las secuelas hay una que todos percibimos, aunque no se hable tanto: la pérdida de esa fantástica ceremonia que sugiere comerse una porción de pizza popular antes, durante o después de un partido del equipo de nuestros amores.
Hasta marzo de 2020 se podía adquirir una porción dentro de los mismos estadios de Central y Newell’s. Ya no.
Quedan aún guardados en la memoria los recuerdos de sus épocas de gloria en el Gigante de Arroyito. Allí, en principio, se podía conseguir en el ingreso de Cordiviola, y años después en la convergencia que se produce entre las cabeceras de la “platea del río” y la “popular de Génova”, donde coexiste el público de diferentes tribunas desde que en los estadios no hay visitantes.
Hay quienes recuerdan también que hasta mitad de la década del 2010 los micros de la hinchada que salían para acompañar al equipo en su derrotero de visitante, con el traslado incluían una pizza La Popular entera cada 4 personas a manera de vianda para el viaje.
Atrás quedaron los tiempos en los cuales se podía comprar en la cancha de Newell’s, en la popular “del palomar”, o incluso desde la platea pasándola a través de la reja que divide ambas gradas. Hay quien recuerda también la bici con el carro, estacionada en el recodo que une “la visera” con la popular “del hipódromo”.
O debajo de la tribuna Tata Martino, donde se pudo saborear hasta la interrupción del fútbol por los casos de Covid en 2020.
Nunca volvió tras ese impasse. Ni en el Coloso, ni en el Gigante.
“Ya estoy grande y el fútbol cambió mucho. A las canchas ya no vuelvo”, dice Armando Lancellotti, de 67 años, el cocinero/artista que produce la famosa pizza de cancha. Actualmente su relación con el fútbol se limita al Gabino Sosa. Armando las prepara, pero no lleva su mítico carrito a la cancha, sino que las entrega al concesionario que es el encargado de la venta minorista.
Lamentablemente, la nueva normalidad es sin pizza popular en las canchas de primera división.
Italiana, como buena pizza
Miguel Lancellotti, papá de Armando, nació en Italia a finales del siglo XIX. Como muchos de los inmigrantes europeos, eligió Argentina para residir. Primero trabajó en el campo y luego se vino a la ciudad. Rosario lo abrazó desde el principio. Aquí se pudo comprar su casa en barrio Azcuénaga, allí tiene su génesis la pizza más célebre entre los rosarinos.
“Mi viejo trajo la receta y la empezó hace 80 años. En la misma casa que yo las cocino hoy. Empezó a vender en un mercado de frutas y verduras del Abasto, que quedaba en Mitre y Pasco. Allí vendía durante la semana. Y los fines de semana, en las canchas” confía Armando.
La pizza La Popular acompañó a los equipos rosarinos de fútbol desde el inicio del profesionalismo. También vivió la época de gloria del ascenso rosarino, con el Trinche Carlovich brillando en el charrúa y con el salaíto jugando a cancha llena en el Olaeta.
La cosa iba bien y hubo lugar para dar el salto: “Mi papá puso una pizzería, un negocio instalado al lado del Cine Mendoza, en Mendoza al 5000. Pero solo duró 2 o 3 años. Mi viejo murió hace unos 50 años, así que fue hace mucho”.
Miguel antes de su muerte legó la obra a su hijo, que tenía 16 años. Una costumbre de la época. Lo aprendido por el padre y la madre, se transmitía como herencia a los hijos e hijas. Armando tomó junto a sus tíos la responsabilidad de producir, quizás, el sabor más característico de Rosario. Un compromiso que siempre se trabajó en familia.
Una luz al final del túnel
Armando nunca tuvo como actividad principal la producción de la pizza popular. Aunque nunca faltó a las canchas rosarinas, siempre trabajó en la distribución de materia prima para panaderías y la venta de pizzas es y sigue siendo un complemento económico.
Lancellotti cuenta cómo se retiró de las canchas: “En la pandemia tuve un problema de salud y decidí no ir más a las canchas. Además, ya tengo mis años. A las canchas no creo que volvamos”.
Su reencuentro con el público canalla fue en el 2021, en el marco del festejo de los 50 años de la palomita de Poy. Estuvo allí con su carrito naranja, recreando una escena del Gigante en principio de los 70. Y dando alegría a los comensales.
En Newell’s la despedida fue en 2020, una tarde entre semana, aún con público y sin restricciones de pandemia. Todo cambió en un par de días. Se multiplicaron los casos y el fútbol tuvo que parar.
Cuando las restricciones se volvieron más laxas y las actividades recuperaron paulatinamente su ritmo el torneo se reanudó, pero al puesto ya no se lo vio. Nunca regresó.
Hoy se puede encontrar en el Gabino Sosa cuando juega Central Córdoba o en la casa de Armando los sábados y días de partido: “Como la gente nos conoce, siempre venían a casa a buscar y les vendíamos. Hoy sigo haciendo eso, en Paraná entre Mendoza y San Juan”, nos consuela.
El tiempo pasa y va horadando a las costumbres como la gota horada a la piedra. Un día, espero que dentro de mucho, todo se convertirá solamente en un bonito recuerdo.
“Aunque nunca se sabe”, dice Armando Lancellotti, nuestro pizzero favorito, y alimenta la esperanza, que es lo último que se pierde.
Ingredientes
Preparación
Antes Del Crucero, hoy Enrique del Valle Iberlucea entre Olavarría y Suárez había una pizzería muy tradicional “Guastavino”, se comía pizza de parado, en la pared de atrás del mostrador podía leerse una inscripción en genovés que decía: “U Guatavin u cas empre du bun vin”. Traducido sería: "Guastavino siempre tiene buen vino".
También se podía pedir Sfogliatelle, un pastel de hojaldre muy ligero, con azúcar que cubre su costra: en la boca, parece que se derrita, dejando un sabor característico, redondo y equilibrado.
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| Del film de Armando Bó "Pelota de Cuero". Año 1963 |
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| Del film de Armando Bó "Pelota de Cuero". Año 1963 |
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| "El Portugués, pizzero oficial de Guastavino y un amigo". Foto: Alberto Gentile. Año 1984. |
La Salsa Carbona
Cuando la gente piensa en la carbonara, la elabora con nata, bacon e incluso con champiñones, cuando la salsa carbonara en su versión más tradicional, es una salsa sencilla y humilde que se elabora con tres ingredientes básicos: huevos, queso y panceta. El queso habitual es el pecorino, pero podemos utilizar parmesano si no encontramos esa variedad.
Pizza Carbonara Sin Nata
Ingredientes
Preparación
Pizza Carbonara Con Nata
Ingredientes
Para la salsa de tomate
Preparación
Ingredientes
Preparación
https://www.clarin.com/recetas/platos-principales/pizza-blanca_7_coY5HzSbR.html
La pizza de pan es una buena receta para reciclar el pan que ya tiene unos días y está duro. Es clave que el horno esté fuerte para que haga piso la masa. En cuanto a la cubierta, podés usar los ingredientes que más te gusten.
Ingredientes
La cubierta
Preparación
https://www.clarin.com/recetas/platos-principales/pizza-de-pan_7_qiTiw7NTb.html
La pizza a la putanesca es una variedad sin queso. Lleva salsa de tomate y anchoas.
Ingredientes
La cubierta
Preparación
https://www.clarin.com/recetas/platos-principales/pizza-putanesca-a-la-parrilla_7_yDJsO6tP7v.html