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miércoles, 24 de agosto de 2022

Una pizzería clásica de Belgrano reabre reconstruida gracias a fotos que aportaron los vecinos


Cerró hace un año y tiene 90 de historia. Para conservar su esencia, apelaron a las imágenes que aportaron clientes y vecinos.

Seguirán la pizza al corte, las empanadas fritas, el horno a leña. También los azulejos marrones del frente, la barra al costado, las venecitas al fondo. Seguirán -esperan- los habitués del barrio y los terceros tiempos de hinchas de River o Excursionistas. Se sumarán café, helado, churros. En Burgio, el mayor reducto pizzero de Belgrano, está todo listo para la resurrección, en septiembre.

Es una gran responsabilidad revivir este clásico, ubicado hace 90 años en Cabildo al 2400, y cerrado hace casi 11 meses. Gonzalo Louro (33), artífice del regreso, es quien se carga con la dura misión de hacer coincidir recuerdo (el de los tiempos dorados) y realidad.

“La otra semana pasó un vecino que venía seguido con su viejo y, cuando vio que reabría, se largó a llorar. Este lugar tiene mucha historia. Espero estar a la altura”, dice Louro, que ya había querido tomar la posta de Burgio hace cinco años, pero se topó con la negativa de sus entonces dueños. 

Ahora volvió a hacer la oferta y la segunda fue la vencida. Este agosto Louro divide su tiempo en Burgio entre contestar a los vecinos que preguntan cuándo abre, contener a los que se emocionan, responder a albañiles y proveedores, y pensar cada detalle gastronómico y estructural. 

Sabe origen y destino de cada azulejo del frente: “Hubo que mover los de arriba para cubrir los que faltaban”, cuenta. Se entusiasma con la máquina italiana de helado que compró para hacer cuatro sabores: “Vamos a preparar sambayón”, anticipa. Se preocupa por la calidad del tomate triturado: “Ya no viene tan bueno. Creo que en vez de comprarlo vamos a cortar peritas”, evalúa.



Invertir la pizza, invertir en pizza

Las latas de tomates en conserva dejarán entonces de decorar las paredes de Burgio y tendrán un sentido más práctico, en la cocina. Seguirán también las pizzas invertidas, el secreto para que se cocinen bien en horno a leña, sin quemador abajo.

En el molde primero van los hoy llamados toppings (por ejemplo, espinaca o jamón), después la muzarella, a continuación la salsa, por último la masa, con receta lo más parecida posible a la original.

“Así, al invertirla, queda un buen piso”, explica Julio, uno de los nuevos pizzeros de Burgio, mientras vigila el encendido del horno, que hace un mes está prendido cuatro horas diarias, para que se vaya reacostumbrando. “Después va a estar así todo el día”, acota este maestro.

Julio viene de trabajar en la cercana La Farola junto a un colega. El tercer guardián del horneado desembarca desde otro clásico, Banchero.

Quien se encargó de limpiar y remozar el horno a leña y el que funciona a gas (pero que ahora tendrá madera) es Walter Cossalter, que sigue trabajando a sus 86 años. Construyó los hornos de todos los templos pizzeros porteños, incluido Banchero. La última vez que había cumplido tareas en Burgio fue en el 83. Ahora llegó junto a su hijo Sebastián.

Origen italiano, devenir español

La alegría por reabrir no se ve solo en los que recién llegan, sino en los que debieron irse. “Hay cosas que en un lugar con tanta historia, son intocables; los hornos a leña, las venecitas, el buen trato con el público. Estamos seguros de que seguirá así”, dice José Blanco, quien se encargó del negocio en sus últimos tiempos junto a su padre, Fernando.

José y Fernando son nieto e hijo del español Francisco Sergio Blanco, quien en 1960 se hizo cargo del negocio junto a sus coterráneos José María Blanco, y Alberto, Luis y Ramiro Méndez, entre otros. La pizzería fue fundada antes, en 1932, por el italiano Giuseppe Burgio.

El más joven de esta antigua dinastía de la pizza está contento de pasar la posta. “Nos genera mucha alegría esta reapertura. Se la merecía una pizzería como esta”, festeja José.

Louro también tiene linaje pizzero: su padre Antonio fue gerente en los 90 de la pizzería Kentucky original, la de Puente Pacífico. Se quedó hasta recién iniciado este siglo, cuando la marca fue vendida para luego volverse cadena. Tanto sus tíos como su hermano tienen carrera gastronómica. También el propio Gonzalo, creador de Saint Burger en Avenida de Mayo y Antonio's Pizza, por Tacuarí.

Arqueología pizzera

“Burgio está en el corazón de los vecinos. Por eso, el principal desafío fue respetar la esencia del lugar: cómo lo sentían aquellos que van hace tantos años a disfrutar de su pizza”, destaca la diseñadora de interiores Constanza Toma, quien junto al arquitecto Sebastián Saggese se encarga de recuperar al Burgio que no se saborea pero se ve.

Cuenta que los vecinos traen facturas para los albañiles, pasan a preguntarles cómo va la obra, hacen observaciones. “En cada anécdota había un detalle de cómo habitaban el espacio y cómo lo sentían. Sus historias y sus opiniones fueron un eje central del diseño”, explica la diseñadora, que debió basarse en relatos y en redes personales ante la escasez de archivo fotográfico del lugar.

“Hubo mucho de arqueología web: ese es un término que inventamos en nuestro estudio, Cubit, para pedirles a los millennials que trabajan con nosotros que busquen en las redes sociales de los vecinos fotos de cómo era el local. Así pudimos encontrar detalles como los espejos pintados a mano o un cartel termoformado sobre la línea de despacho”, precisa Toma.

Ese letrero, que antes invitaba a tomar cerveza, ahora destacará el horno a leña, que también hoy es rareza en las pizzerías porteñas. “Como ya no se hacen estos carteles, hubo que volver a fabricar la matriz especialmente -explica Toma-. Y, para eso, crear varios bocetos”.

Gracias a las fotos también pudieron reconstruir cómo era la barra de la izquierda, que ahora irá directamente contra la pared. Inspirados en el mueble con espejo que coronaba el viejo mostrador lateral, construyeron una estructura de madera que sostiene un espejo inclinado. A cada lado, hay una raja de acrílico rojo retroiluminado, tal como fueron los cuatro paneles rojos de antaño.

“¿Va a reabrir Burgio? Me alegraste la vida”, corta la charla con Clarín una vecina que supera los setenta. La entrevista se interrumpe otra vez minutos más tarde: entra otro exhabitué, que festeja la vuelta de los símbolos de la pizzería y su barra. Aunque sea grande el reto, todo indica que cuando el local reabra medio trabajo estará hecho: devolverle al barrio un clásico y un templo a los pizzeros.




https://www.clarin.com/ciudades/pizzeria-clasica-belgrano-reabre-reconstruida-gracias-fotos-aportaron-vecinos_0_3nPsF9AJ0u.html

jueves, 31 de marzo de 2022

Otros Datos de Burgio


Carlos Correa, un fanático y ex trabajador de Burgio nos da algunos datos.

  • La salsa de tomate lleva un toque de ají, orégano y aceite.
  • La temperatura del horno, minino 220 grados al preparar la pre pizza así se cocina bien de abajo y arriba para que no se seque la masa.
  • Después de preparar la pre-pizza poner la mozzarella (Barraza) en el molde y poner la masa arriba del lado de la salsa hacia abajo. Una ves dorada la masa dar vuelta esparcir la muzza derretida poner la vitamina un toque más de calor.

viernes, 28 de enero de 2022

Burgio


El que piense que pasando la puerta de Burgio, la pizzería más famosa de Belgrano, va a encontrar algo de italiano, que se vuelva a Italia. No debería extrañar que en la Ciudad en que los bares son patrimonio gallego, pizza se pronuncie con la zeta en la garganta. "Dicen que en 1928 la fundó un italiano, pero desde el 60 somos todos galaicos", dice Alberto Méndez, encargado y asturiano, propietario. 

Esta pizzería, fundada en 1928, es ideal para comerse una porción de pizza tradicional en la barra.  La variedad más pedida es la fugazzeta, hecha con dos finas capas de masa, rellenas con un kilo de mozzarella y rodajas de cebolla arriba. El condimento típico de Burgio es el provenzal y todas las pizzas se cocinan en un horno de leña. 

El salón de Burgio se divide en dos sectores. El más cercano a la calle posee tres mostradores; dos de ellos paralelos a los muros medianeros y enfrentados, en uno se sirven las bebidas; allí mismo se puede comer "de parado", una irresistible porción de muzzarella. En el otro se despachan las pizzas para llevar. El tercero está ubicado en medio de los anteriores mirando hacia el acceso, delante del horno de leña, lugar estratégico donde el patrón opera la caja registradora. Las mesas están ubicadas en el sector posterior cuyas paredes han sido recubiertas con venecitas de Burgio de distintos colores. Sobre ellas se ha colocado una serie de espejos. 

Hacia el fondo del angosto y largo salón, con un poderoso ventilador que lo airea en las jornadas veraniegas, se ha instalado un televisor, para regocijo de los adoradores del fútbol.

Ingresar en Burgio es de por sí toda una experiencia, el aroma que produce el horno a leña y el seductor de la pizza recién horneada, enmarcados por las viejas estanterías sobre uno de los mostradores, abarrotadas de botellas de vino y licores, de latas de morrones, de tomate en conserva y de duraznos en almíbar crean un clima envolvente y atractivamente porteño, atemporal. Un detalle particular son los platos metálicos

El particular clima se complementa con la calidad de los productos aquí elaborados. Junto a la de muzzarella ocupan un lugar preponderante la fugazza y la calabresa, todas media masa. Una mención especial le corresponde al fainá, que gracias al horno de leña adquiere un sabor inigualable. Dice el poeta Rubén Derlis: "Si fuera de este barrio sería uno de sus clientes fijos; por no serlo, suelo llegarme hasta aquí ex profeso cuando quiero entrar a una auténtica pizzería".

Francisco, el mozo (otro asturiano), se ríe ante la pregunta de si la gente dejó de tomar moscato: "¿Acá? Ni sueñes. Lo que más vendemos es moscato". 

Otros que no dejan nunca de ir son los de la hinchada de River. "Vienen también cuando pierden", comenta Méndez. Y para endulzar derrotas además de moscato recomienda los postres de la casa. "Somos de los pocos que seguimos preparando sopa inglesa como corresponde". El postre (un bizcochuelo borracho cubierto de dulce de leche y crema) asoma en una heladera—mostrador. 

Viernes, 1 de Octubre de 2021, al otro día de su cierre.